Amigos de grupo Anècdotario, êste blog ha sido creado para que se nos facilite la bùsqueda de todas las anècdotas,historias, reflexiones, cuentos cortos, leyendas de Mèxico y el mundo, etc. Es un blog apto para todas las edades y en èl todos hemos puesto nuestro granito de arèna. Aquì està la recopilaciòn de nuestras aportaciones y se los dedico con todo mi cariño.

viernes, 19 de julio de 2019

Ocaso. Cyrano Enamorado

Es el ocaso de un día mas.
el termino de una semana con sus asegunes buenos y malos
Reunirse en pos de una improvisada mesa y cualquier huacal o piedra que sirve de banco
Con la cervecita de brindis con mis compadres disfrutando la alegría de los mios 
La algarabía de grillos, perros y un burrito en serenata y la risa de tantos niños por ahí jugando 
Así acaba un dia mas de vida y uno menos por vivir y con ustedes mi palomilla con gusto lo comparto
Buen Provecho
ANGELA PERALTA EL RUISEÑOR MEXICANO.
Ciudad de México el 6 de julio de 1845 —Mazatlán, Sinaloa, 30 de agosto de 1883.
Ángela era una mujer fea. Su cuerpo era pequeño, obesa, de cara redonda, la nariz puntiguada y enorme, la boca gruesa, los ojos saltones y para colmo de males era tan miope que casi caía en la ceguera. Su cuello era tan corto y regordete que parecía tener bocio. Y sus papás tampoco le ayudaron mucho con el nombrecito con que la bautizaron, ya que la pobre niña llevó el nombre de María de los Ángeles Manuela Tranquiliza Cirila Efrena Peralta Castera. ¿Logró aprendérselo? Todo un auténtico trabalenguas. La pobre parecía estar totalmente dejada de la mano de Dios y de los hombres. Pero tenía una cualidad excepcional: cantaba tan hermoso como un ruiseñor. Y de hecho así le llamaron: “el ruiseñor mexicano”.
Nació en la ciudad de México, de origen humilde, aunque sus padres procuraron darle muy buena educación, motivando además sus inclinaciones artísticas. Le gustaba la poesía, tocaba el piano, componía, hablaba francés e italiano y por si fuera poco tenía un gran conocimiento de la historia de México, historia universal y geografía. Su primera gran oportunidad la recibió a los 8 años, cuando cantó en público La Cavatina de Donizetti. Posteriormente estudió el Conservatorio Nacional de Música y en 1860 participó en la ópera El Trovador en el Teatro Nacional de la ciudad de México. El público quedó fascinado y recibió una tremenda ovación. Sin contar con más apoyo económico que el de su padre, viajó a España para tomar clases de canto con uno de los mejores maestros de la época. Después fue a Italia y en 1862 actuó en “Lucía de Lammermoor” ante el más difícil de todos los públicos, el de la Scala de Milán. El triunfo fue rotundo. Y esto le valió para luego ser invitada a cantar ante sus majestades Víctor Manuel II y su esposa, en una representación de “La Sonámbula” de Bellini. Cuentan los informes de los cronistas de la corte, que tal interpretación fue tan aclamada, que la Peralta tuvo que salir a agradecer a su público las ovaciones otorgadas 32 veces.
El público de aquella noche estaba repleto de autoridades políticas, artísticas y periodísticas que ni tardas ni perezosas alabaron la magnífica voz de la soprano mexicana. Sin embargo, no fueron los únicos que la vitorearon, pues después de Turín y la corte del rey Víctor Manuel II, le siguieron contratos para presentarse en Roma, Florencia, Bolonia, Lisboa y El Cairo. Al terminar esta gira, todas las ciudades italianas la hicieron su figura indispensable durante las temporadas de ópera entre 1863 y 1864; cosa que raramente sucedía, salvo con las grandes excepciones, como es el caso de Ángela Peralta. Pero no sólo Europa la aclamaba y pedía, sino que también su misma patria. El Archiduque de Austria, Fernando Maximiliano, le hizo la cordial invitación para que volviera a México en calidad de figura primerísima del Teatro Imperial Mexicano. El 20 de noviembre de 1865 la ciudad de México se vuelca para recibirla. Actores de la academia de Bellas Artes, estudiantes del Colegio de San Carlos, intelectuales, artistas, gobernantes, la anónima masa y, por supuesto, su familia, salieron a darle la bienvenida después de un intensísimo viaje en el que cosecha muchos de sus más grandes triunfos. Una vez en México continuó sus estudios y sus exitosas presentaciones en diversos escenarios mexicanos, volviendo posteriormente a Europa donde duró cuatro años y medio en su exitosa carrera.
Los siguientes años de su vida las pasó entre Europa y México. Parecía que nada podía frenar su brillante trayectoria. Pero en 1882, después de una gira por Monterrey, Saltillo y Durango llegó a Mazatlán. El ayuntamiento del puerto, al saber de la llegada del ruiseñor mexicano, aprobó los gastos que fueran necesarios para recibirla dignamente. Se alquiló el teatro Rubio para ofrecerlo a la diva, se engalanó el muelle y se le recibió con el himno nacional. Ángela fue llevada en un hermoso carruaje hasta el hotel, aclamada a su paso por una gran multitud. Ella salió al balcón y saludo al pueblo, que se agrupaba al frente del edificio. Aquello parecía la antesala de un gran triunfo, ya que a Peralta la acompañaban 80 artistas, en su mayoría italianos. Un poco antes de la llegada de Peralta a Mazatlán, las autoridades habían cometido un grave error. En uno de los barcos que llegaron al puerto murió un norteamericano portador de fiebre amarilla. Las autoridades conocieron bien el caso, y aún así permitieron que el cadáver fuera bajado a tierra y sepultado en el panteón local. Esto dio origen a una gran epidemia que rápidamente se propagó por el puerto.
El 23 de agosto se realizó la primera presentación de “El trovador”, más el público fue escaso, ya que corrían alarmantes rumores sobre la propagación de la fiebre amarilla. Se dice que en esos días no había prácticamente ninguna familia que no tuviera a alguno de sus miembros enfermo. Todos se encerraron en sus casas. Nadie quería salir y mucho menos ir a lugares de reunión. El puerto se convirtió en un lugar desolado y las familias adineradas escapaban del lugar. Luego cayó enfermo el director de escena y uno de los maestros del grupo, quienes fallecieron días después. La fiebre amarilla se ensañó con toda la compañía de ópera. De los 80 miembros que la formaban tan solo 6 lograron sobrevivir. Ángela Peralta también fue una de las víctimas. Su última voluntad fue casarse en su lecho de muerte con su amante, don Julián Montiel y Duarte. Uno de los testigos cuenta que uno de los artistas de apellido Lemus, sostenía a Ángela por la espalda y en el momento que el juez hizo la pregunta de si “aceptaba a don Julián por esposo”, el Sr. Lemus movió la cabeza de la enferma”. Muchos afirman que ella ya estaba muerta.La foto de IIrma C León

LA NIÑA QUE REZABA POR EL DIABLO Miguel Angel Ayala Lopez

"LA NIÑA QUE REZABA POR EL DIABLO"
Hace ya mucho tiempo en la comunidad de Rincón de Romos Aguascalientes vivía Alondra, una pequeña niña inocente y sin malicia alguna, que era observada con sorpresa y creciente preocupación por sus padres, quienes estaban asombrados y escandalizados por las oraciones nocturnas de la pequeña, al grado de llamar al sacerdote del pueblo, quien pensaba que los padres exageraban su protección y preocupación por la pequeña.
Le invitaron pues a cenar y a observar detenidamente el comportamiento de la chiquilla, la cual no era sino un verdadero ángel a los ojos del clérigo, después de la cena la dulce Alondra se despidió y dirigió a su habitación, así pues los preocupados padres pidieron al clérigo acompañarlos, la oración comenzó normal como algo así:
....".Y cuida a mi mami, a mi papi, a mi abuela y mis hermanos, ah, y por favor cuida mucho de Lucifer, pues nadie pide por el, yo lo hago en su lugar, amén".
El padre se horrorizó ante semejantes palabras, pero a pesar de todo, la conducta de la niña era intachable así que el clérigo solo ordeno el vigilar de cerca a la pequeña.
Y el tiempo paso pero lamentablemente las condiciones en las que la pequeña y su familia vivían no eran del todo "Optimas" con frecuencia caían en enfermedades y hambrunas, sin embargo, esto no era motivo para que la pequeña Alondra dejase de rezar por el diablo, "Y cuida de mi mami, mi papi, mi abuela y mis hermanos, ah, y por favor también cuida mucho de Lucifer, pues nadie pide por el, y yo lo haré en su lugar, amén" y así lo decía cada noche.
Un fatídico día de invierno mientras los padres de la pequeña salieron en busca de alimento para ella y sus hermanos la bebé sufrió un lamentable accidente y murió.
La familia era tan humilde que no podían dar sepultura a su bebita y lloraban su miseria, cuando de la nada arribó a la humilde vivienda el mas majestuoso cortejo fúnebre que nunca se había visto en ese lugar u otra parte del mundo, rosas, coronas, una carroza elegantísima jalada por seis percherones negros y al frente del cortejo, un hermoso joven de piel blanca como la nieve, cabello negro y sedoso ataviado finamente en un traje de gran gala negro, tanta belleza cautivaba, pero lo que más impactaba eran sus ojos, rojos como la sangre, como carbón encendido, pero hermosos y cautivadores, bañados en lágrimas que ocultaban la verdadera fiereza de su dueño.
Inició la misa de cuerpo presente, la iglesia estaba a tope y el joven en primera fila seguía llorando sin mirar a nadie sino la pequeña cajita blanca de finísimo alabastro que contenía aquel angelical cuerpo.
Los padres de la niña no se animaban a agradecer o cuestionar a su distinguido benefactor, quien cabizbajo seguía ahí en un solemne y silencioso llanto que desgarraba el alma del más valiente.
Finalmente el cortejo partió al cementerio en donde los padres, hermanos y familiares de la pequeña tan solo pudieron contemplar el sepulcro más majestuoso jamás visto, al ingresar el pequeño féretro a su nido de descanso eterno aquél joven estalló en un llanto que dobló a mas de uno, los padres no sabían que hacer.
Cómo aquella persona desconocida podía haber amado y sentido tanto la muerte de la niña?
Y como si hubiera leído sus mentes, volvió su fiera pero enternecedora mirada y con pena y dulzura infinita dijo: "Por miles de años el mundo ha buscado la manera de tacharme de lo peor, desde tentador, ladrón, traidor, enemigo, hasta lo más ofensivo y blasfemo, pero ella, ella con su dulzura, su inocencia, su amor infinito, todas las noches sin falta y a pesar de que era castigada por hacerlo nunca dejó de orar y pedir por mi, ni una sola noche".
Los padres pensaron que se trataba de un maestro de la bebé y le preguntaron pues por su nombre. El joven se alejó y dio la vuelta diciendo: Debes recordar el final de las oraciones de tu propia hija:" Y bendice a Lucifer porque nadie pide por el así que yo pido por todos."
Dicho esto el joven desapareció.
Cada 24 de enero la majestuosa tumba es adornada de rosas rojas de exquisita belleza y se ve al joven llorar al pie de la cripta...
Créditos a Leyendas de Todo México.

DON PORFIRIO DIAZ ANGEL O DEMONIO Ely Ortiz

DON PORFIRIO DÌAZ, ANGEL O DEMONIO.
Hablar de Don Porfirio Dìaz serìa muy extenso, y èsta no es una pàgina de historia, por lo mismo voy a compartir unos datos y algunas anècdotas sobre este polèmico y grande personaje de nuestra historia.
Hace 35 años Don Porfirio Diaz, era como el demonio; si mostraban una foto suya, casi casi les decían que olía a azufre.
De verdad era un personaje polémico. Unos lo admiraban, pero otros sólo veían en él al dictador. Y unos más creían que había cometido varios crímenes, que tenía su cementerio particular y que vendía como esclavos a los indios yaquis.
Ahora hay una tendencia revisionista no sólo para revalorar su figura, sino también para redescubrir que durante el porfiriato hubo muchos personajes dignos de estudio que han sido injustamente olvidados.
Porfirio Díaz Mori (1830-1915), quien fue presidente de México en nueve ocasiones, entre 1876 y 1911, es un personaje muy importante, que si bien no era precisamente un ángel, para conocerlo bien hay que estudiarlo y reconocer que tanto es verdad y que tanto es invenciòn en su historia.
El general que dirigió el destino del país durante 30 años, el héroe de la Segunda Intervención Francesa y de la Batalla de Puebla, uno de los mejores militares que ha tenido el país, aún es querido por los mexicanos del siglo XXI.
Su tumba, que se encuentra en el cementerio de Montparnasse, en París (donde pasó sus últimos años de vida en el exilio), es visitada frecuentemente por mexicanos, dentro de la cripta se pueden ver banderitas de Mèxico, una cajita con tierra de Oaxaca, tambièn una caja con unos 20 o 25 mensajes escritos a mano, de los cuales dos eran insultantes y el resto eran o laudatorios para don Porfirio o quejándose con él del gobierno mexicano actual, es curioso que alguien le deje un recado a una persona que murió hace un siglo,
Anècdotas (Porfirio Diaz.)
1.- EL SUCESOR.
Con el proceso de paz en marcha, Porfirio Dìaz diò el siguiente paso para consolidar su poder personal.
Fue respetuoso de las formas constitucionales y dejó la presidencia el primero de diciembre de 1880.
Sin embargo, todo estaba arreglado.
El sucesor era su compadre Manuel González, quien debía cuidarle la silla presidencial durante los cuatro años siguientes para luego devolvérsela.
Elevó a Manuel González a la presidencia primero, pero después desconfió de él...
En sus conversaciones privadas le desprestigiaba cuanto podía, y solía decir de él con gracejo aparentemente compasivo:
"Lástima de mi compadre. Hubiera sido un buen gobernante a no ser por su invencible tendencia a la asimilación (esto es, al robo)".
En una ocasión Díaz visitó a González en Palacio Nacional, y luego de intercambiar algunas palabras sin importancia Porfirio le dijo:
"Pues bien compadre, tengo que confesarle que no estoy interesado en regresar al poder en 1884".
Don Manuel lo miró fijamente, acto seguido abrió algunos cajones de su escritorio y comenzó a buscar algo.
Extrañado, Porfirio le preguntó:
"¿Y que está buscando, compadre?".
A lo que González respondió:
"Al pendejo que se lo crea."
2.- EL CURA DE TLALPAN.
Carmelita, la joven esposa del jefe de Estado, había estado recibiendo repetidas quejas de un grupo de amigas, mochas como ella, en relación con los sermones domincàles de un sacerdote rebelde que oficiaba en Tlalpan, en las afueras de la Ciudad de México.
Harta ya, la primera dama llamó la atención de su marido sobre un asunto que bien podría complicarse en el corto plazo.
Don Porfirio llamó a cuentas a Palacio Nacional al cura en cuestión, por lo visto, un liberal, para invitarlo a desistirse de sus discursos incendiarios.
-No puedo disimular la simpatía que me produce su causa -le expresó Don Porfirio al sacerdote, que no podìa salir de su asombro por estar en la gran Sala de los Embajadores.
-Gracias, señor presidente -dijo el cura sintiéndose muy halagado mientras el jefe de Estado lo acompañaba a la puerta y tomaba el picaporte de latón.
-Pero dígame: ¿usted cree en las apariciones?
-Por supuesto -respondió el presbítero, conmovido y deseoso de catequizar a Díaz: en ese caso, su ascenso en la carrera clerical sería vertiginoso.
Pero cuando el presidente volvió a cuestionarlo, comprendió a la perfección el significado de la sutil advertencia:
-¿Y también cree en las desapariciones, padre mío?
3.- CORRUPCIÒN.
Un individuo de modales exquisitos, perfumado y bien vestido, con traje negro y pañuelo de seda en el bolsillo del saco, me visitó en la pequeño viviendo en la que habitaba con mi familia por la zona de la Merced, para invitarme a trabajar en el gobierno, tal vez como maestro de dibujo.
Tendría un ingreso fijo.
Por supuesto que me negué: jamás trabajaría para una dictadura.
El esbirro no se inmutó, por cual me envalentoné sin medir las consecuencias.
El señor, que permanecía de pie a pesar de mis súplicas de que tomar asiente, me dijo con una sorprendente simpatía, absolutamente fuera de lugar en esas circunstancias:
-Mire usted, don Porfirio Díaz siempre ha sostenido que con hueso en el hocico ni muerde ni ladra, y por lo mismo, a usted debe convenirle un cargo público bien remunerado a cambio de que se abstenga de seguir alterando la paz del gallinero…
A un señor dibujante como usted le convendría salir de esta jaula y vivir en un lugar a la altura de su dignidad.
4.- EL YERNO DE DON PORFIRIO DIAZ.
El 17 de noviembre de 1901 en av. de la Paz # 4 se celebró un baile suntuoso y extraño.
En el interior, Ignacio de la Torre, yerno de Porfirio Díaz, maquillado y vestido de odalisca, se divertía con los invitados comiendo uvas de un racimo, y daba una en la boca a otro joven y mostraba coqueto, su vestido.
Jóvenes de frac, otros con atuendos de geishas, hadas, princesas... bailaban y se abrazan alegres.
De repente, “una hada” entró gritando: "¡La policía! ¡La policía!".
Los agentes los arrestaron; empujones y jaloneos; Nacho logró esconderse en la biblioteca, pero lo encontraron.
Porfirio Díaz fué informado por Manuel Romero Rubio al que le ordenó tratar el asunto con discreción y evitar que la prensa se enterara.
Romero Rubio explicó que eran 42 detenidos, le extendió a Díaz la lista con los nombres, todos conocidos", incluyendo a Ignacio de la Torre.
El presidente Díaz leyó y tachó un renglón diciendo:
-Son 41,
-42, Señor.
-¡41 don Manuel!...
-Comprendo, 41.
-Evite el escándalo; y, déjelos salir discretamente.
En su despacho Díaz, exaltado y asqueado, reprendió a Ignacio por lo ocurrido:
-No lo entiendo. ¡Y no me expliques, esas porquerías jamás las podré entender!, ¡ni quiero!... ¿Amada lo sabe?, (era su hija y esposa de Ignacio),
-No. señor.
-¡Ni lo hagas! Mira Nacho, no me tomes por un imbécil, ¡punta de maricas! No te he salvado del escándalo ni de tus líos porque te considere un hombre digno, sino porque la familia del Presidente de la República, debe ser intachable, ¿Lo oyes?...
Todos querían saber quienes eran los arrestados, y ciertamente había una lista con sus nombres.
El problema era que muchos de esos nombres eran de políticos o empresarios importantes, y había que mantener la imagen ante todo.
Así que se dio libertad a algunos, mientras que a otros fueron llevados a Lecumberri en la celda "J" (De ahí que, hasta nuestros tiempos, se le diga jotos a los homosexuales) para luego ser llevados a Yucatán para trabajos forzados…
De cualquier modo las fiestas continuaron, y los homosexuales siguieron festejando libremente su sexualidad, mientras no hubiera redadas.

CIELITO LINDO Luis Bernaldez Góngora

Cuando hablamos del “Cielito Lindo” evocamos en cierta media a México y sus tradiciones.
Lo escuchamos en cada celebración patriótica, en el estadio cada que juega la Selección Nacional, en el Ángel de la Independencia cuando esta gana y al calor de las copas donde es entonado por el más patriótico fervor aunado al español “defectuoso” de los visitantes extranjeros, sólo por citar algunos ejemplos, ya que es bien sabido que nuestros connacionales que radican en el exterior del país lo entonan y hacen saberlo como nuestro en las naciones donde se encuentren.
Pero, ¿Quién es al autor de tan grande himno? Quirino Fidelino Mendoza y Cortés.
El Maestro Quirino Mendoza nació en el pueblo de Tulyehualco, Xochimilco, un 10 de mayo de 1862. Su padre era organista de la parroquia local por lo que su acercamiento a la música fue de inmediato.
Conforme creció, también aumento su afinidad a los instrumentos musicales y al llegar a la adolescencia ya tocaba el piano, la flauta, el violín, la guitarra y, por supuesto, el órgano. A esta edad compuso piezas religiosas que por lo general eran muy bien aceptadas incitándolo con esto a incursionar en otros géneros.
Pronto su obra se enriqueció con himnos, poleas, mazurcas, corridos, valses, huapangos, pasodobles, marchas, cantos infantiles, boleros, y canciones rancheras; pero en aquel entonces su música no era un buen negocio, por lo que su verdadero oficio era profesor de primaria
Durante los pocos ratos libres que le dejaba la música, Quirino gustaba de pasear por la sierra y fue allí donde conoció a Catalina Martínez, una bella mujer con un llamativo lunar junto a la boca, quien lo conquistó y lo inspiró para creación de la más grande de sus canciones: “Cielito Lindo” escrita en 1882. Después de un largo noviazgo se casaron y vivieron felices.
El Maestro Quirino Mendoza tuvo a lo largo de su vida múltiples premios y reconocimientos, no solo nacionales sino también internacionales, en países como Estados Unidos, Japón, Chile, Honduras, Venezuela, Cuba, etc.
Aunque fue muy longevo, la vida del maestro Quirino Mendoza llegó a su fin el 9 de noviembre de 1957 en la Ciudad de México. Sus restos mortales descansan en el lote de los hombres Ilustres de Xochimilco. Quirino Mendoza se había preparado para ese momento y había compuesto su propia marcha fúnebre, titulada “Juanita”, la cual fue interpretada durante su velorio tal como el artista lo había dispuesto.
Hoy en día, Quirino es recordado por su “Cielito Lindo” en cada rincón del país donde se entone y en el extranjero cada que se hace referencia a México.
Foto tomada de Historia de la Música Popular en México.

El callejón de las manitas Victor Manuel Monroy Hinojosa

LEYENDA DEL CALLEJÓN DE LAS MANITAS.
(Leyenda potosina)
San Luis Potosí es una bella ciudad mexicana localizada hacia el norte del país, en el estado del mismo nombre. En un principio fray Diego de la Magdalena la llamó Pueblo de San Luis de Mezquitique, en honor a Luis IX, rey de Francia; y Potosí se le denominó por las ricas minas de plata de Bolivia a las cuales se dijo que emularía. En los siglos XVII y XVIII estaba llena de frailes franciscanos, jesuitas y agustinos que construyeron muchas iglesias y edificios. En el año de 1780, llegó a las tierras de San Luis Potosí un sacerdote de la orden de los franciscanos. No se sabe a ciencia cierta qué atrajo al sacerdote para emigrar a San Luis, tal vez le sedujo el clima o la riqueza de sus minas de plata, el caso es que el cura llegó y se quedó a vivir en esos acogedores lares de buen clima y de gente bondadosa.
Ya asentado en la ciudad, se dedicó a buscar trabajo, y pronto lo encontró como maestro en una de las mejores escuelas de la ciudad enseñando latín y otras materias de las cuales era docto. Ya con trabajo seguro, buscó donde vivir y los azares del destino lo llevaron a alquilar una casa en el barrio de la Alfalfa, uno de los más solitarios de la ciudad. Todo marcaba a satisfacción, hasta que un día el sacerdote decidió dejar la escuela y partir a buscar aventuras y trabajo con dos acompañantes que se consiguió; eran estos unos jóvenes mozos de la misma ciudad. Se fue a recorrer varios pueblos. Con el dinero que junto durante sus aventuras pueblerinas, pensaba comprarse algunas cosas de las que tenía necesidad, y destinar una parte para ayudar a los necesitados. Cuando regresó a su casa, dio órdenes a sus ayudantes para que desensillaran los caballos, atendieran a las mulas y llevasen a los equinos al establo para que reposaran. Los mocitos obedecieron lo mandado por su patrón y, una vez cumplida la faena, se fueron a comer porque ya era hora y tenían mucha hambre. Pero nuestro sacerdote, como se encontrara muy cansado de las fatigas del viaje, decidió irse a la cama en seguida, cumplir con Dios rezando sus oraciones y dormirse.
Cuando ya era bastante noche, los mocitos que no tenían un lugar mejor a dónde ir a divertirse porque no lo había, y además eran casi unos niños pobres y humildes, regresaron a la casa del sacerdote. Al llegar, lo primero que vieron llenos de espanto y sorpresa, fue el cuerpo del sacerdote tirado a medio cuarto, todo cubierto de sangre. ¡Su patrón estaba muerto! Medio locos de terror, ambos jóvenes salieron pitando a la calle dando gritos de espanto y pidiendo ayuda a todo aquél que les oyese. Las personas, sobrecogidas, empezaron a reunirse. Alguien alertó a las personas del Hospital Militar que se encontraba cerca, acudieron soldados y médicos a la casa del sacerdote y confirmaron que era verdad lo que gritaban los mozalbetes, el sacerdote estaba absolutamente muerto y su muerte era un clarísimo y cruel asesinato.
Las autoridades de la ciudad en seguida se dieron a la tarea de investigar lo que había pasado con el pobre hombre asesinado. Buscaron por todos los rincones de la ciudad, y pueblos aledaños, en busca de sospechosos que permitiesen dar con el asesino del religioso. Apresaron a varios candidatos, pero por falta de pruebas no pudieron arrestar a ninguno y todos fueron puestos en libertad. Los muchachos ayudantes participaron en la búsqueda con diligencia y comedimiento, pero no se pudo apresar al asesino de marras.
Como los dos muchachos quedaron desvalidos, la gente del barrio y de la ciudad ni prestos ni perezosos les brindaron techo, comida, y trabajo. Sin embargo, un funcionario de la comisaría no se dejó convencer del desamparo y la tristeza de los jóvenes, y sospechó de ellos. El funcionario, consciente de su deber, decidió apresarlos en el Hospital Militar. Los colocaron en cuartos separados, de tal manera que quedasen incomunicados. Se les sometió a fuertes interrogatorios. Ante tal presión, los presos se culparon uno al otro. Uno de ellos dijo que el otro era su primo, que era mayor que él, y que había asesinado al sacerdote para robarle el dinero que había conseguido en su recorrido por los pueblos, que por cierto no era mucho. Las autoridades, acompañadas de los reos, acudieron a la casa del religioso y encontraron el dinero y el puñal que había servido para ultimar al pobre hombre.
Una vez descubiertos, los asesinos alegaron que el móvil del crimen no había sido el robo del dinero, sino que se trataba de una venganza por el mal trato que el sacerdote les había dado en el tiempo que estuvieron a su servicio trabajando por los pueblos. De nada les valió tan torpe excusa, se les acusó, formalmente, de ser los responsables de tan cobarde homicidio y se les sentenció a la horca y a que les fuesen cortadas ambas manos. Los chicos consiguieron abogados defensores que lograron que la sentencia fuese interrumpida en varias ocasiones. El juicio duró cerca de cinco años. Pero al final venció la justicia y los acusados fueron ahorcados, y sus manos cortadas y exhibidas en la morada del sacerdote donde había ocurrido el triste suceso. Las manos asesinas se colgaron del muro exterior de la casa del Callejón de la Alfalfa que era solitario, oscuro, triste y tenebroso. Desde entonces, el callejón recibió el nombre del Callejón de las Manitas. Todas las personas tenían miedo de pasar por tal callejón; si era necesario caminar por él, se entraba rezando una oración que no debía finalizar sino hasta haberlo cruzado totalmente.
Alguna persona piadosa o fastidiada del olor de las manitas podridas, las quitó un día del muro… pero, ¡Oh prodigio, al otro día volvieron a aparecer! Y así sucedió por mucho tiempo: si las manitas se quitaban, al poco tiempo volvían a aparecer colgadas en el muro. Pasaron los siglos y el prodigio persistía; hasta que un buen día el barrio se modernizó, el callejón se convirtió en una vía ancha… y ¡las manitas nunca más se volvieron a ver! Sin embargo, la leyenda nos dice que en el lugar donde antes estuviese la famosa casa del sacerdote, en las noches del mes de noviembre se ven flotar en el espacio cuatro manos esqueléticas que tratan de encontrar el muro del que fueran colgadas; asimismo, puede verse el fantasma de un sacerdote pequeño y triste, vestido con una vieja y raída sotana, que aparece por la calle y desaparece al doblar la esquina, motivo por el que todavía hoy en día los habitantes de San Luis Potosí temen cruzar el callejón que existe atrás del Hospital Militar de la ciudad.
Fuente: El Callejón de las Manitas. Leyenda potosina. (Sonia Iglesias y Cabrera)
La iglesia al fondo es el templo al señor San Jose, avenida Universidad a un costado de la Alameda.

Maestros en Lucha. Victor Manuel Monroy Hinojosa

Si conoces a maestros leelo y reenvialo x favor
ESCUCHA LA VOZ DE TU PROFESOR, Y UNETE NO LO CRITIQUES SI NO TIENES BASES SOLIDAS
Una reportera se acercó a un profesor asoleado que tomaba un poco de agua de una botella.
¿Le puedo hacer una pregunta? le dijo.
“Claro que sí” respondió el Profesor quitándose el sombrero y secándose el sudor de la frente con un paliacate rojo.
¿Acaso no le preocupa que los niños se queden sin clases? Ellos no tienen la culpa de nada.
El Profesor tomó otro traguito de agua de la botella y le respondió.
Sí, señorita. Me preocupa mucho que se queden sin clases.
Pero es que con tantas marchas y paros los niños se quedan sin Clases.
El Profesor le contesto: Claro que me preocupa que se queden sin clases. Pero también me preocupa que se queden sin escuelas, sin educación, sin cupo en las universidades, sin empleo y sin futuro.
Me preocupa ver a mis alumnos, jóvenes y fuertes, vendiendo discos piratas en las calles sin que nadie les pregunte si ya comieron. Me preocupa verlos en el desempleo como millones de mexicanos, me preocupo mucho cuando atraviesan el desierto de Arizona a 50 grados con una triste botellita de agua para buscar el trabajo que aquí se les niega. Me preocupa que mis alumnas se embaracen a los 16 años porque no tienen más perspectivas en la vida que emplearse de cajeras en el Wal-Mart por el salario mínimo.
Me preocupa mucho ver a mis alumnos asaltando los micros o poniendo una narco tiendita o en las garras de los vicios porque el gobierno invierte más en operativos contra los maestros que en educación. Me preocupa ver a mis alumnas vendiendo sopes y productos de belleza mientras el presidente vive en una casa de 7 millones de dólares y viaja en un avión de 7200 millones de pesos.
Me preocupa que cuando mis alumnos se enferman tienen que formarse para sacar ficha en la madrugada, que no hay medicinas, que les dan cita tres meses después, que seis meses después y ahora ya no hay servicio de especialistas y que ya no tienes derecho a operación, hasta que se mueren porque solo tienen para una consulta con el doctor Simi. Me preocupa que cuando quieren formar pareja vivan de arrimados con sus padres, y que solo puedan aspirar a tener un pantalón pirata, un vestido pirata, una vida pirata.
Me preocupa y mucho, que *López Dóriga, Adela Micha, Ciro Gómez Leyva y de la Torre les digan a quien deben odiar y a quien deben querer* y que, en lugar de leer *“Cien años de Soledad”* crean a pie juntillas lo que dice *la Rosa de Guadalupe* o *lo que Callamos las mujeres.* Me preocupa que en tiempos de elecciones vendan su voto por una miserable despensa o por unos pesos que les quitan el hambre un día pero que los condenan a ser pobres toda la vida. *Me preocupa que cuando lleguen a funcionarios o diputados, en lugar de defender a su pueblo, vendan su conciencia y voten a favor de entregar las riquezas nacionales a los extranjeros o que voten la Reforma Educativa o la reforma laboral que acabó con la jornada de 8 horas, el aguinaldo, el reparto de utilidades y convirtió en esclavos de los patrones a los trabajadores.*
Me preocupa que me quieran evaluar con un examen de opción múltiple vigilado por el ejército y no sepan que trabajo en una escuela sin agua en los baños, sin pupitres, con alumnos que van sin desayunar o con las mochilas atiborradas de productos chatarra. Me preocupa que nunca uno de mis alumnos haya llegado a secretario de educación porque ese puesto está reservado para los amigos del presidente y para tecnócratas que en su vida han pisado la escuela Nicolás Bravo del Valle de Toluca donde las calles son de tierra y cuando llueve son de lodo. *Me preocupa que con las modificaciones a la ley que aprobaron priistas, perredistas, verdes, ecologistas cuando tengan 70 años solo puedan aspirar a una pensión de 1500 pesos mensuales.* _*Me preocupa que lloren cuando la selección de futbol pierde 7-0 pero que les valga madre cuando el gobierno asesina a los estudiantes, a los maestros, a los luchadores sociales.*_ Me preocupa cuando los veo dormidos en los camiones o en el metro porque tardan dos horas en llegar al trabajo o a su casa. _*Me preocupa que día a día coman peor porque día a día la comida sube de precio y el kilo de tortillas cueste 12 pesos y los políticos, que gana cien mil pesos mensuales, digan que el país crece y que tenemos la mejor infraestructura y que los inversionistas extranjeros están contentísimos.*_
_Y tanto me preocupa que no tengan clases mis alumnos que lucho porque tengan otra clase de vida, otra clase de servicio médico, otra clase de justicia, otra clase de política, otra clase de salario, otra clase de país… Y otra clase de futuro…_
Como verá, señorita. Me preocupan mucho, muchísimo mis alumnos. 
Por eso lucho!!