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viernes, 25 de marzo de 2016

EL DESCENSO A LA LOCURA. CAPÍTULO 8. Christian Perales






EL DESCENSO A LA LOCURA.
CAPÍTULO 8.
Era el momento más angustiante de mi vida, uno de los doctores se puso al mando del tablero de control, del aparato, con una llave que giró esa pieza de ingeniería mórbida comenzó a calentar y en un instante escuché un zumbido y pude ver como las luces de funcionamiento de aquella máquina se encendían una a una, mientras otro de los doctores, me colocaba un casco que empezó a darme descargas en el cráneo, cada una de una intensidad tan terrible que podía sentir como mi cuerpo se iba fundiendo por dentro y sentí también como mis molares amenazaban con desprenderse. De pronto aquella máquina del infierno comenzó a girar. El doctor Cárdenas me miró con una emoción tan aterradora que me hizo estremecer aún más que las descargas eléctricas.
-esta noche harás historia, entrarás como un simple ser humano... un loco... y saldrás con la más noble de las tareas, serás un cuerpo para un demonio, un soldado indestructible... serás más que eso... serás el primer guerrero,... el elegido, después.... todos estos locos serán el ejército que dominará al mundo... y los nazis seremos quien domine todo lo que conoces...-
Cárdenas hizo una seña, y el doctor que tripulaba el mecanismo del inframundo comenzó a entrar en una etapa de funcionamiento total.
-ya...¡ métanlo!...-
Fue la orden y de inmediato, un sistema que yo no podía ver comenzó a llevarme a las entrañas de la máquina, de ella salieron dos electrodos que se clavaron con una gran presión en mis sienes, en ese momento ya no pude seguir intentando desatarme, mi cuerpo no respondía, pero si, estaba muy consiente de lo que sucedía, al momento pude escuchar una especie de risa, muy macabra y cavernosa, y pude ver como un haz de luz comenzaba a intentar entrar en mi cuerpo... sentí un calor al borde de lo ardiente, sentí desfallecer y cuando estuve a punto de la rendición total, decidí ya no hacer nada, simplemente dejarlo entrar... De pronto, la electricidad se cortó, y todo quedó en silencio y en la total penumbra. Pude escuchar el desconcierto y la consternación de mis verdugos que se preguntaban unos a otros de lo que estaba sucediendo, solamente interrumpidos por la voz de Cárdenas.
-Ya... es un apagón momentáneo, con la CFE eso pasa muy seguido...-
Y dirigiéndose al doctor que controlaba el sistema...
-quiero que conectes la reserva de emergencia-
-pero doctor... ¿Qué pasará con los pacientes con respirador...-
-ya están muertos... continúa con el plan...-
Justo en el momento en el que aquel doctor iba a mover la palanca que volvería a poner en funcionamiento la máquina... sucedió algo que en el momento no alcancé a entender, un zumbido apenas perceptible rompió el silencio, era el ulular de una bala que tras pasar a solo centímetros del doctor Cárdenas, se impactó en el operador de la máquina, justo en la cabeza, haciéndolo caer muerto al instante... los doctores se empezaron a alarmar, y como buenos siervos del ejército neonazi, estaban armados, por lo que de inmediato salieron a relucir esas armas. Transcurrieron unos segundos de silencio solo apenas interrumpido por murmullos de los doctores que se reunieron formando un círculo en aquella obscuridad... de pronto los vidrios del tragaluz se rompieron, al mismo tiempo que un golpe seco derribaba la puerta, en ese instante pude ver una silueta iluminada por una potente ráfaga que salía del cañón de un rifle de asalto. Después otra y otra persona entraba, todos con uniformes de policía, como aquellos que se ven en las películas, entraban disparando si dar tregua ni paz, a los doctores que sin poder ver a quien disparaban accionaron sus armas a lo ciego.
Después de unos tres minutos de disparos, todo volvió a quedar en silencio, uno de esos policías vino a mi, mientras los otros del escuadrón aseguraban a los doctores que habían quedado vivos, entre ellos a Cárdenas.
-Señor...¿está bien?... voy a sacarlo de ahí... todo acabó somos la policía...-
El oficial abrió la tenaza y las zondas que cortaban mi cabeza, sangraba.. pero poco, justo cuando salí de ahí, iba entrando mi doctora, mi salvadora, pero curiosamente su bata blanca no estaba donde debía, ella estaba vestida como los demás, con uniforme de combate y chaleco antibalas....
-¿Doctora?....-
-Discúlpame... te mentí... no soy doctora... soy policía... de fuerzas especiales...te dije que te ayudaría...-
-si, no lo dudé...-
En ese momento Cárdenas estaba más que molesto se sacudía tratando de escabullirse de los oficiales,
-Regístrenlo bien y que vengan los peritos, hay mucho que hacer aquí-
-si comandanta...-
Se llevaron al doctor, y me quedé por un instante con mis salvadores.
-Oiga doctora... perdón... comandanta ¿qué fue del Kavner?... -
-uy... fue el primero en morir... uno de mis oficiales lo encontró en el pasillo, quiso pegarle con su pala, pero... pues traje a los diez mejores tiradores...ya... no te preocupes por eso... en este momento te sacaré de aquí..y tenemos muchas pruebas para encerrar a ese puto hasta que se muera.-
-gracias...-
-gracias a ti... tú nos llevaste a él...-
No acababa de decir la frase cuando en el pasillo se escuchó una conmoción y gritos, nuestro terror se hizo grande pensando que ese Kavner podía haber cobrado vida de nuevo, pero no fue así, no se sabe como pero el doctor Cárdenas se logró soltar, corrió por el pasillo e intentó arremeter con un trozo de una botella rota contra la comandanta...se escuchó un disparo, y de inmediato un gran punto rojo apareció en la cabeza del doctor... que cayó al suelo fulminado por aquel certero disparo, miramos tras de nosotros y un oficial guardaba en su funda su arma de cargo, todavía humeando por el disparo. La comandanta estaba más que complacida:
-que buen tiro oficial Fargas... si sigues así en cinco años serás comandante...-
En ese momento otro de los oficiales que apenas se había incorporado a los otros que habían corrido tras el doctor Cárdenas, llegó en medio de una gran agitación...
-¡comandanta!... el cadáver... del monstruo no está...-
-¡¿cómo que no está?!, le metieron dos tiros en la frente...-
Corrimos al pasillo, y allí sol habían huellas ensangrentada, no estaban ni la pala ni la bolsa de yute... seguimos las huellas a toda prisa, dándonos cuenta que salían del edificio... al llegar al jardín las huellas de sangre se perdían en le bosque, la pala estaba abandonada al pie de la reja ciclónica... había sido usada... para que el Kavner huyera. FIN

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